LA DISCIPLINA Y EL ESFUERZO EN EL ENTRENAMIENTO Y LA COMPETICIÓN

 

Es fundamental como tenista comprender que la capacidad de sacrificio diario, el ansia por mejorar, la confianza en las explicaciones y los ejercicios del entrenador, la entrega diaria, la autoexigencia por rendir al máximo y las ganas de aprender es lo que al final diferenciarán a unos jugadores de otros y marcarán, a medio y largo plazo, su nivel y rendimiento deportivo.

 

Muchos jugadores y padres preguntan por qué su evolución es más lenta o menor que la de otros jugadores, y salvando las diferencias físicas de cada uno, hay también una respuesta muy evidente. Ambos jugadores pueden haber estado 3 horas en la pista, pero, ¿se han esforzado ambos jugadores por igual?.      

 

Un cesto tiene el mismo número de bolas para ambos jugadores, pero si un jugador devuelve una bola varias veces sin fallar, corriendo al 100% de su capacidad para llegar a cada bola y poniendo el máximo de si mismo en el entrenamiento, mientras que el otro a la primera bola falla, o cuando está un poco cansado corre solo al 50% o no pone esfuerzo, fallando muchas de las bolas, obviamente el primer jugador habrá golpeado la bola muchas veces más que el segundo jugador, y no podemos olvidar que el tenis es un deporte que exige práctica, repetición y automatización, por lo que cuantas más bolas golpeemos más incrementaremos nuestra mejora.

 

Hay tres grandes tipos de jugadores en un club, los que se enfadan cuando fallan ya que tienen un nivel de autoexigencia alto, los que se lo toman “con calma” pero se esfuerzan y los que simplemente están en la pista.

 

Sin duda los jugadores que en el entrenamiento se entregan al 100% y que se frustran con los fallos suelen ser alumnos complicados… pierden los modos en la pista, dirigen miradas ofensivas, son incluso irrespetuosos a veces, pero son precisamente esos alumnos los que si consiguen controlar sus actitudes en la pista, mayor evolución mostrarán en su tenis, aunque por otra parte si no controlan su actitud tendrán grandes altibajos en su evolución.

 

Por otro lado están los que se lo toman con calma pero se esfuerzan, jugadores que se autocritican cuando fallan pero sin perder las formas, que si consecutivamente fallan varios golpes consultan al entrenador, piden y escuchan consejos. Este tipo de jugador evoluciona quizás algo más lentamente, pero su evolución es constante y equilibrada.

 

Y por último están los jugadores que se esfuerzan lo mínimo, bromean durante los entrenamientos, distraen a sus compañeros, jamás se autocritican, simplemente se dejan marcar el ritmo y hay que estar constantemente encima de ellos para que se esfuercen.

 

Somos sus entrenadores, pero por mucho que les exijamos a diario debe ser el propio jugador quien sea consciente que su necesidad de esfuerzo y seriedad durante el entrenamiento es fundamental y que es su responsabilidad, no la nuestra, nosotros nos esforzamos al 100% por enseñarles a todos por igual, pero sólo ellos pueden esforzarse para rendir al máximo en el entrenamiento. Como muchas veces os dice el entrenador en pista, lo que hagas en el entrenamiento lo harás en los partidos y lo que no hagas en el entrenamiento no lo harás en el partido, por lo que si entrenan al 50% no podremos esperar jamás que rindan en un partido al 100%, si no se exigen en el entrenamiento no se exigirán en el partido y por supuesto su rendimiento en competición será bajo.

 

Como entrenadores tenemos la obligación de imponer una disciplina de entrenamiento. El deportista debería aceptar, comprender y cumplir las normas por que tiene la certeza (sin lugar a dudas) que seguir las reglas del entrenador son la única forma de conseguir los objetivos marcados, no obstante conseguir esta confianza por parte del jugador no es una labor sencilla, se basa en la confianza, la capacidad de comunicación y el respeto.

 

Tanto el deportista como el entrenador tienen el objetivo común de conseguir ciertas metas y cada uno de ellos debiera actuar en consecuencia con la responsabilidad que tienen, el entrenador dirigiendo y dictando unas normas para el jugador y el jugador respondiendo positivamente a esa exigencia, pero para que esto funcione el deportista debe creer y confiar en su entrenador, ya que si el deportista cree firmemente que su entrenador es el más adecuado para la consecución de los objetivos no solo se podrá conseguir disciplina si no también una alto grado de motivación.

 

Por ello es fundamental el respeto al entrenador y a sus indicaciones y consejos, tanto si es para exigir esfuerzo durante el entrenamiento como para seguir una estrategia de juego durante un partido. Esta disciplina nos hará sin duda mejores deportistas y hará que nuestros entrenadores se motiven e impliquen aún más con el jugador.

 

 

 

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© Luz Rodriguez Gonzalez

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